El mendigo canoso entra a la iglesia junto a otro hombre y le hace señas a Ana, ella se estira y los mira con esfuerzo entre la oscuridad sin entender lo que sucedía. El hombre canoso hace señas rápidas otra vez y chista con algún tipo de autoridad hacia ella, Ana mira de forma extraña a Elías, como interpretando una alarma. Elías mientras tanto está totalmente sobresaltado y se mueve desconfiado entre su banca, solo siguiendo con su cabeza los movimientos de aquellos tres. Sigue sin entender que tiene que ver la joven con los dos hombres de afuera. El hombre canoso repentinamente comienza a avanzar furioso y sobre la banca en donde estaba Elías toma a Ana del brazo, Ana no se resiste, como si lo conociera.
- Hasta luego- dice Ana.
Elías no comprende nada y pregunta.
- ¿Todo está bien?
- Sí, tengo un compromiso, y lo he confundido a usted con otra persona.
Elías no comprende nada y pregunta.
- ¿Todo está bien?
- Sí, tengo un compromiso, y lo he confundido a usted con otra persona.
La actitud del mendigo y del hombre que esperaba entre la puerta de la iglesia era ahora amenazante. Viejo como Elías, pero mucho mas alto y robusto, solo se fue cuando el mendigo y la joven abandonaron la iglesia. La puerta reclinable no detenía nunca su chillido pendular de madera y bronce. Tuvo la certeza de que todo aquello podía haber sido un intento de robo ¿Usar a la mujer como carnada? Pero no, no fue así, no lo robaron. Ella dio datos concretos de Constancia. El percibió atentamente, con total desvergüenza entre la oscuridad que cerraba la iglesia, que aquella joven no estaba mintiendo y su angustia era real, también percibió real el asombro en su cara cuando el hombre canoso apareció en escena.
Elías mientras procesaba todo esto encuentra un bolso entre las bancas de adelante, aquellas quejosas bancas en donde primeramente se había sentado Ana.
Elías mientras procesaba todo esto encuentra un bolso entre las bancas de adelante, aquellas quejosas bancas en donde primeramente se había sentado Ana.
Él siente que de alguna forma las manos nerviosas de Ana le habían ofrecido ese bolso negro para un próximo encuentro. Camina hacia el bolso y se sienta junto a él, Elías quiere salir detrás de ella pero aquel intento solo da señas en un abrazo delicado al bolso y a un perfume casi imperceptible, que impregna desde sus manos y le recuerdan inmediatamente al olor de las acacias negras que cierran Constancia. Aquel aroma le despeja así todas sus vacilaciones.
Elías queda en esa posición y por lo alto unos ángeles de mármol lo observan. Sus manos en alto le ofrecen bendiciones y él las toma con sus ojos en lágrimas, lagrimas espesas que se estancan y nublan aquel lugar. La puerta reclinable vuelve a la inmovilidad ya por completo. Elías desparrama el liquido de sus ojos y se encamina otra vez hacia ella, embiste la puerta pero la mujer ya no se encuentra, corre hasta las rejas con el bolso negro atrapado aun en su pecho. Escucha el rumor de un motor por la esquina y entre los hierros de las rejas ve un lujoso auto color verde petroleo. Una puerta del auto se abre atrás, la mujer que hoy le ha dado su nombre y el mendigo canoso entran en él ¿Quiénes son aquellos hombres? o aun mas ¿Quién es aquella mujer de mármol que le ha regalado su nombre y un bolso? El auto arranca, visión que lo mantiene sin aliento. Aquello es realmente extraño y un umbral le ofrece asiento, el bolso negro lo llama, lo abre con manos ágiles, ante su asombro está completamente vacío salvo por un frasco pequeño y delicado con una pastilla en el interior, parece un remedio, sospecha también con acierto que se trata de un veneno poderoso, no puede dejar de observarlo pero siente que nuevas miradas de intriga ya se posan en él. Debe volver al hotel y pensar en cómo encontrarla otra vez.
Elías queda en esa posición y por lo alto unos ángeles de mármol lo observan. Sus manos en alto le ofrecen bendiciones y él las toma con sus ojos en lágrimas, lagrimas espesas que se estancan y nublan aquel lugar. La puerta reclinable vuelve a la inmovilidad ya por completo. Elías desparrama el liquido de sus ojos y se encamina otra vez hacia ella, embiste la puerta pero la mujer ya no se encuentra, corre hasta las rejas con el bolso negro atrapado aun en su pecho. Escucha el rumor de un motor por la esquina y entre los hierros de las rejas ve un lujoso auto color verde petroleo. Una puerta del auto se abre atrás, la mujer que hoy le ha dado su nombre y el mendigo canoso entran en él ¿Quiénes son aquellos hombres? o aun mas ¿Quién es aquella mujer de mármol que le ha regalado su nombre y un bolso? El auto arranca, visión que lo mantiene sin aliento. Aquello es realmente extraño y un umbral le ofrece asiento, el bolso negro lo llama, lo abre con manos ágiles, ante su asombro está completamente vacío salvo por un frasco pequeño y delicado con una pastilla en el interior, parece un remedio, sospecha también con acierto que se trata de un veneno poderoso, no puede dejar de observarlo pero siente que nuevas miradas de intriga ya se posan en él. Debe volver al hotel y pensar en cómo encontrarla otra vez.
Sobre la noche dedujo más calmo que aquella mujer de Constancia que conoció entre los asientos de una iglesia estaba trabajando como prostituta, y el mendigo de alguna forma era su cafisho. Que el lugar de encuentro para recibir a sus clientes haya sido una iglesia le pareció morboso. ¿Y ese segundo hombre que apareció luego? ¿Quizás el verdadero cliente por el que lo habían confundido?
Ana dijo algo también de que lo había confundido con otra persona... Supuso entonces que aquella bienvenida que dio el falso mendigo era un código, el hecho de que Elías le haya dado tanta plata quizás contribuyó a toda esa confusión. Recuerda que Ana estaba nerviosa y muy apurada por salir de la iglesia, y luego se dejó calmar por la conversación asombrosa que tuvo con él.
Dedujo por el auto y por la ropa del segundo hombre que ella trabajaba para clientes de mucho dinero, supuso muchas cosas esa noche, dedujo por la ropa antigua con que estaba vestida Ana y el lugar de encuentro como una especie de perversión blasfema, oscura, siniestra. Supuso mucho y no durmió nada, no sabía todavía si algo de todas esas especulaciones era cierto. Más tarde, unos meses después, tristemente supo que casi todo lo era.
Ana dijo algo también de que lo había confundido con otra persona... Supuso entonces que aquella bienvenida que dio el falso mendigo era un código, el hecho de que Elías le haya dado tanta plata quizás contribuyó a toda esa confusión. Recuerda que Ana estaba nerviosa y muy apurada por salir de la iglesia, y luego se dejó calmar por la conversación asombrosa que tuvo con él.
Dedujo por el auto y por la ropa del segundo hombre que ella trabajaba para clientes de mucho dinero, supuso muchas cosas esa noche, dedujo por la ropa antigua con que estaba vestida Ana y el lugar de encuentro como una especie de perversión blasfema, oscura, siniestra. Supuso mucho y no durmió nada, no sabía todavía si algo de todas esas especulaciones era cierto. Más tarde, unos meses después, tristemente supo que casi todo lo era.

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