- ¿Qué la trae por acá?- Pregunta Elías
- No tengo donde ir a estas horas, además este lugar me gusta-. Ana jugaba con algo entre su manos, pero Elías no podía distinguir nunca entre la oscuridad que era aquello.
- ¿De dónde es usted?
- Vivo acá en Retiro.
- Pero usted no es de acá.
- Vengo de un pueblo llamado Constancia.
- Yo conozco ese pueblo aunque ya lo olvidé-. Ambos se extrañaron por esa respuesta.
- Qué envidia - dice Ana triste pero sonriendo- yo vine hasta aquí para eso.
El hecho de ser un completo desconocido para ella o quizás por haberlo confundido con el sacerdote del lugar, Ana Neri le dice:
- Fui criada en una casa muy alejada, dentro de ese pueblo pequeño en que pocos viven, aquello hubiera hecho de mi niñez algo muy solitario y aburrido si no fuera por la compañía de las vacas y mis hermanas muertas. Las vacas y los otros animales se los regaló una vez mi padre a mis tías y a mi madre, a mis hermanas muertas en cambio las mató mi padre. Y lo hubiera hecho conmigo también si no fuese que mi madre y la curandera se burlaron de él cuando tuvo que realizar un viaje urgente, de muchos meses hasta la Capital. Pero el destino nunca le hizo nada fácil a mi madre, a la vez ese destino que fue generoso en darle una belleza increíble, también la había condenado por esa belleza al abuso desde muy joven por parte del dueño de la estancia. Y esa única vez en que habían podido esconder los primeros meses de embarazo, estuvieron mis tías y mi abuela aterrorizadas. Con la curandera ahora cómplice todo el tiempo detrás de mi madre y ambas esperando ansiosas el viaje por meses que demoraría a mi padre... sucede que el destino hizo que mi madre agonizara en el parto mientras yo nacía-.
Ana quedo en silencio y la Iglesia quedó callada otra vez, luego dijo:
- Le puedo contar una angustia, una angustia que le puede parecer tonta en este momento. Considero a las miradas como lo más importante que hay en este mundo... Nunca supe si de alguna forma mi madre alcanzó a verme cuando yo nací.
- Fui criada en una casa muy alejada, dentro de ese pueblo pequeño en que pocos viven, aquello hubiera hecho de mi niñez algo muy solitario y aburrido si no fuera por la compañía de las vacas y mis hermanas muertas. Las vacas y los otros animales se los regaló una vez mi padre a mis tías y a mi madre, a mis hermanas muertas en cambio las mató mi padre. Y lo hubiera hecho conmigo también si no fuese que mi madre y la curandera se burlaron de él cuando tuvo que realizar un viaje urgente, de muchos meses hasta la Capital. Pero el destino nunca le hizo nada fácil a mi madre, a la vez ese destino que fue generoso en darle una belleza increíble, también la había condenado por esa belleza al abuso desde muy joven por parte del dueño de la estancia. Y esa única vez en que habían podido esconder los primeros meses de embarazo, estuvieron mis tías y mi abuela aterrorizadas. Con la curandera ahora cómplice todo el tiempo detrás de mi madre y ambas esperando ansiosas el viaje por meses que demoraría a mi padre... sucede que el destino hizo que mi madre agonizara en el parto mientras yo nacía-.
Ana quedo en silencio y la Iglesia quedó callada otra vez, luego dijo:
- Le puedo contar una angustia, una angustia que le puede parecer tonta en este momento. Considero a las miradas como lo más importante que hay en este mundo... Nunca supe si de alguna forma mi madre alcanzó a verme cuando yo nací.
Elías Aceval tuvo tres secretos importantes en su vida y dos ya han sido revelados. El primer secreto revelado fue llevar a su hermana Magdalena hasta la "ciudad encontrada". El segundo secreto fue contarle a su compañera y amiga María Gabriela, de que él había escapado muy joven desde un pueblo al sur de la provincia llamado Constancia y que su nombre no era en realidad Mauricio Borghi. El tercero se lo contaría en pocos momentos a una mujer confidente que había viajado también desde su Constancia y sorpresivamente para él, se decía hija de Don Alberto Aceval.
- El viejo Aceval murió hace algunos días atrás, yo también soy su hijo y también fui yo quien lo ha matado.
El destino tejiendo y destejiendo como en un juego, los volvía encontrar y ellos no lo sabían. Esta vez no comparten la vida como hijos de una misma madre sino que los encuentra reunidos como hijos de un mismo padre y hermanos también de un mismo odio.

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