La joven de los tres nombres y el periodista (Capítulo 3- Parte 1)


Ana Neri
Los sueños lo sumergen en espejos, simulacros que el agua mira. La esfinge sueña preguntas sobre el héroe ¿Llegaras al final, llegaras al encuentro? Las señales se vuelven sumisas a las miradas del atento, se desnudan. La patria del héroe no está en este mundo. La tierra prometida no fue nunca Canaán, ni siquiera el Edén, el lugar para el héroe nunca estuvo aquí.
Fierro y Libia acordaron volver al primer cementerio un 6 de mayo, un mes después del primer encuentro. Algo ocurrió y solo Fierro se hizo presente. Esperó durante horas y luego resolvió preguntar solo y en voz alta el tercer nombre. Los muertos no contestaron. A Fierro le comienza extrañar aquello como si de alguna forma se hubiera convertido en habitual el dialogar con difuntos.
Las horas se hicieron pesadas en aquel lugar y el sol ya estaba emprendiendo su camino de ida, A fierro ya le ganaron las intenciones de regresar a su casa. Caminó en circulo una hora más, leyendo y releyendo los nombres en las lapidas, limpiando el bronce, descubriendo de hojas y tierra alguna frase, algún epitafio inútil por muchísimos años en un lugar que ya nadie visita. Pero ahora Fierro los limpiaba ceremoniosamente y los leía en voz alta. Lo que escribieron los ajenos deseos de los vivos, sobre las piedras, a sus queridos muertos:
"Despierta entre el abrigo de la tierra otra vez, Te tengo que susurrar una vez más mi sonrisa, te debo mi entraña doliente" Gesualdo Giordano. 3 de diciembre de 1912
"Liviano se suspende tu cantar en este mundo y sólo con toda la atención el afortunado te distingue. ¿No sabes acaso que el oído de la carencia canta una sola música?" Carmen Ghittone. 16 de noviembre de 1912
"¿Quién tomará este lamento y lo comprenderá como se debe, como alguien que también está muerto en un lugar oscuro hasta que tú abras los ojos?". María Rosa Face. 29 de marzo de 1906
Luego estaban también los epitafios que los muertos ordenaron escribir sobre sus lápidas, como una contestación para todos aquellos vivos que se acerquen algunas vez:
"Débil puede ser la soga que debe balancear a la ahorcada. Ella volvió a la vida con un nombre durmiendo en su boca, logra recordarlo, pero él no la recuerda a ella y aquí se desvaneció de dolor" Catalina Naulener. 20 de noviembre de 1912
"Aunque huyas de Constancia y no vuelvas mas a esta lápida, nunca olvides que Estigia es para ti... mi cabello oscuro meciéndose al viento". Reyna Bonita Vaínicoff. 7 de marzo de 1912
"¿Qué es eso de amar un alma por medio de unos ojos, qué es eso de andar buscando el amor de una mano? ¿Qué metamorfosis convertirá al alma si algunos capullos ya conmueven?" Roberto Russo. 8 de noviembre de 1912
Fierro no entendía nada de esos nombres ni de esas fechas. A diferencia de todos, él estaba comenzando a tener mucha hambre y se dispuso ya a abandonar ese lugar a pasos rápidos... se detuvo cuando escucho el ruido de algo que se iba acercando torpemente por el monte. Era Libia que agitada iba nadando entre las espinas de las acacias. Fierro contento simuló un enojo por aquel retraso.
- ¡Te estuve esperando hace un montón de horas!
- Mis papás me están vigilando todo el tiempo, hoy más que nunca estuvieron vigilándome sin perderme el paso. Perdón. Escapé en cuanto tuve la oportunidad.
- Me estaba por volver
-¿Preguntaste por el otro nombre de María Gabriela?
- Yo la conocí como Magdalena... no, no les pregunté-. Fierro mintió por la vergüenza de no haberla esperado o por la vergüenza quizás de haber preguntado y no recibir ningún tipo de respuesta durante todas esas horas.
- Preguntemos- . Dijo Libia encarando el claro del monte, donde estaban las primeras cúpulas del cementerio.- ¡Queremos saber el tercer nombre, por favor cuéntenos!
Hubo una larga pausa que solo destiñeron los pájaros que cruzan curiosos por entre las ramas, Libia impaciente por su carácter, volvió a preguntarles a los gritos por el final de la historia de esa mujer ahogada y su pena.
Los muertos sin presentación alguna continuaron con la historia, como si ese tipo de formalismos solo le importasen a los vivos, como si los signos de puntuación y las etiquetas sean solo invenciones de los hombres para estudiar un continuo andar de una vida que siempre se les está yendo.

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